By Montti L, Gasparri NI, Trumper A, Amicone C, Anticoli A, Burns SL, Casertano S, Eleuterio A, Gennerich MJ, Giessen L, González MV, Santos Silva M, F. Vazquez, Velazco SJE, Yanosky AA , Zurita GA & Piquer-Rodríguez M.
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Si bien los bosques nativos no reconocen las fronteras políticas, su conservación depende de ello. La ecorregión del Bosque Atlántico del Alto Paraná, que se extiende por Argentina, Brasil y Paraguay, es un ejemplo de un “experimento natural” que nos permite explorar la forma en que las fronteras creadas por los humanos influyen en la conservación de los bosques.
Aunque este paisaje estuvo originalmente cubierto por un bosque subtropical con condiciones bioclimáticas ampliamente similares en la ecorregión, en la actualidad , ahora exhibe marcadas diferencias entre los países en cuanto a su conservación forestal y las condiciones socioeconómicas.
En este estudio, desentranamos estas diferencias y explicamos por qué ocurren. Para ello, combinamos datos actuales y espacialmente explícitos de indicadores sociales, culturales y medioambientales con conocimientos derivados de análisis históricos y políticos. Medimos las diferencias transfronterizas entre pares de países por indicador (midiendo matemáticamente las distancias euclidianas) para evidenciar y comparar los contrastes entre países. Por ejemplo, comparamos la superficie dedicada al cultivo de soja entre Brasil-Paraguay, Argentina-Paraguay frente a Argentina-Brasil.
Nuestros resultados mostraron que las decisiones de gobernanza nacional son tan importantes como las condiciones ecológicas, o incluso más, a la hora de determinar la conservación forestal. Aunque las características demográficas, culturales y económicas fueron menos pronunciadas, Argentina se destacó como el caso más diferente, al combinar una mayor conservación forestal, menos tierras agrícola-ganaderas, menor superficie incendiada y mayor desarrollo humano. Este patrón está relacionado con la colonización tardía, la menor expansión urbana y la adopción de un modelo de desarrollo basado en el turismo orientado a la conservación. Por otro lado, Brasil y Paraguay mostraron usos del suelo similares, caracterizados por una alta densidad ganadera y una gran expansión agrícola, impulsada principalmente por la producción de soja, lo que se tradujo en una mayor pérdida de bosques. Estos resultados reflejan las diferencias socio-culturales y estrategias de desarrollo, así como marcos regulatorios y capacidades de implementación que influyen en la efectividad de las políticas del uso del suelo y los esfuerzos para reducir la deforestación.
Es importante mencionar que nuestros resultados respaldan la idea de que la conservación y el desarrollo humano (más allá de los indicadores económicos) pueden ir de la mano, lo que cuestiona la creencia generalizada de que la conservación limita el desarrollo.
Finalmente, destacamos que las estrategias de conservación transfronteriza no pueden basarse únicamente en criterios ecológicos, sino que deben considerar también las variables sociales, adaptarse a las necesidades de cada país y estar alineadas con políticas de desarrollo humano y medioambientales. Del mismo modo, reconocemos que los contextos históricos y políticos de cada país influyen en las decisiones sobre el uso del suelo. Por lo tanto, las políticas de conservación que no integren estas dimensiones corren el riesgo de ser ineficaces o incluso de generar resultados contrarios a los deseados.