Por Laura Betancur-Alarcón, Laura Pulgarín-Morales, Camila Jiménez-Saénz, Rossella Alba, y Tobias Krueger

Crédito: Laura Betancur Alarcón. 

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Los ríos tropicales tienen su ritmo. Ellos suben y bajan dependiendo de la lluvia en las temporadas húmedas y secas. Las comunidades recrean formas de vivir junto con este movimiento, organizando cuándo pescar, cuándo extraer piedras de las riberas, o cuándo buscar trabajo en otros campos. Pero cuando se construye una represa hidroeléctrica, este ritmo familiar es reemplazado por algo completamente diferente: el ritmo de la generación de electricidad.

Estudiamos estas relaciones en conjunto con ribereños, comunidades rurales a lo largo del río Sogamoso en Colombia, después de que la represa Hidrosogamoso empezara a operar en 2014. Antes de la represa, la gente conocía a través de su experiencia corporal cuándo bajarían los niveles del agua durante las temporadas secas y así buscaban prepararse. Actualmente, los niveles del agua cambian en cuestión de horas, disminuyendo en ocasiones críticamente los niveles de agua. A esto lo llamamos “eventos secos”, siguiendo la expression local “al río lo van secando”, es decir, el momento en que por cambios en la generación cambian las descargas de agua desde la presa.

Mientras que la primera autora pasó tiempo con estas comunidades documentando sus experiencias y conocimientos con un río represado, otros colegas analizaron datos del mercado eléctrico y mediciones de niveles del agua. Luego refinamos nuestras preguntas y regresamos al ‘campo’ juntas para una mayor exploración con las y los líderes ribereños y la empresa energética. Este trabajo conjunto nos permitió conectar las experiencias locales con los procedimientos de los mercados eléctricos.

Nuestros hallazgos encontraron importantes cambios en tres situaciones críticas. Primero, las operaciones diarias de la represa eliminan los cambios estacionales graduales en los que las comunidades solían confiar para planificar sus actividades durante el típico “tiempo de verano”. En lugar de cambios lentos y graduales, los niveles del agua ahora fluctúan rápidamente en respuesta a los precios del mercado energético. Segundo, las ofertas de precios de electricidad pueden causar caídas súbitas en los niveles del agua que duran horas, impidiendo que las personas accedan a lugares de pesca. Tercero, durante la sequía de 2015-2016, la estrategia de la empresa de almacenar agua para mantener el suministro eléctrico durante los meses más críticos, creó variaciones de nivel del agua sin precedentes que las comunidades encontraron inusuales.

Estos no son solo problemas técnicos, sino que representan una transformación fundamental en cómo las personas se relacionan con su río. Especialmente en el río Sogamoso, la gente solía complementar sus ingresos con actividades basadas en el río, en lugar de depender de contratos precarios ofrecidos por los sectores de palma de aceite y petrolera que han dominado esta región por décadas.

Millones de personas en todo el mundo viven aguas abajo de las represas hidroeléctricas y enfrentan disrupciones similares. Nuestra investigación sugiere que las evaluaciones de impacto ambiental y las regulaciones de represas deberían considerar no solo los flujos anuales del agua, sino también las variaciones diarias e incluso horarias, que transforman las relaciones de comunidades ribereñas con sus ríos.